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Safía Gatica: El Gobierno y las multinacionales negocian con nuestra salud

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Safía Gatica: El Gobierno y las multinacionales negocian con nuestra salud

La argentina Sofía Gatica encabeza al colectivo de Madres de Ituzaingó, que denuncia las consecuencias del negocio de las transnacionales agrícolas. Premio Goldman 2012 (conocido como el Nobel de Medio Ambiente), lucha contra las fumigaciones de soja transgénica que la golpearon con la muerte de sus más próximos. Pero no está dispuesta a tirar la toalla: “América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre”.

Barrio Ituzaingó, Córdoba, Argentina. A finales de 2001 empecé a ver a muchos chicos con barbijo (pieza de tela con la que, por sus propiedades asépticas, los médicos y auxiliares se cubren la boca y la nariz) y a muchas mujeres con pañuelos en la cabeza. Me junté con otras vecinas y empezamos a ir casa por casa para tratar de saber lo que estaba pasando.

Yo ya había perdido a mi hija, fallecida con una malformación de riñón. La señora de enfrente, Susana, había perdido a su hija, también por una malformación. Verónica, que vivía al lado, había perdido a su hija. Y Marcela tenía también un hijo con malformaciones. A medida que recorríamos el barrio fuimos armando un mapa con los enfermos.

Sofía Gatica recuerda los inicios de la situación de un barrio de apenas 5.000 habitantes que, 12 años de muerte y lucha después, protagonizó la primera causa judicial por contaminación de agroquímicos. Era agosto de 2012 y un tribunal de Córdoba condenaba a tres años de prisión condicional a un agricultor y a un piloto de avionetas que fumigaron, a menos distancia de la permitida por la ley, con el herbicida glisofato y el insecticida endosulfán.


¿Cuándo y por qué inicias la lucha contra los transgénicos?
Había perdido a mi hija y a mi hijo se le paralizaba el cuerpo después de cada fumigación. Fue muy difícil. Pedimos al Ministerio que investigara, pero las respuestas nunca llegaron y un día decidimos salir a la calle con carteles, diciendo que teníamos cáncer y leucemia. Encontramos 300 casos de cáncer y casi 80 fallecidos, sin contar con las malformaciones, porque habían nacido chiquitos sin el maxilar, sin el huesito de la cabeza, solo con dedos pulgares, algunos no tenían el diafragma y a otros se les subían los órganos con malformaciones de riñón y leucemias.

Nos llamó mucho la atención el número de leucemias, porque teníamos 16 casos registrados, cuando lo normal es que haya uno o dos por cada 100.000 habitantes.
En la misma barriada hay gente que no solamente no se suma a vuestra lucha sino que se opone a ella.
El problema del barrio es que está dividido en dos. Un grupo nos dice que con nuestra lucha les hemos desvalorizado las viviendas y que nos hemos enriquecido.

La gente tiene mucha bronca porque vivir en Ituzaingó hoy significa que vas a ser nombrado en muchos lugares. A mí se me fue haciendo muy conflictivo… Muchas veces, cuando subía al colectivo (autobús) me insultaban. Otra vez fui a comprar a un almacén y me negaron la entrada. Me sentí mal porque parece que soy la culpable del problema, cuando solo quiero ayudar. Es muy difícil vivir en un barrio donde la gente no reconoce que está enferma, donde no reconocen que están contaminados, donde niegan la problemática porque quieren estar en las casas que han construido para vivir.

Yo también construí ahí pero ahora he dejado mi casa y estoy alquilando. Los que tendrían que irse son los sojeros.


¿Cómo intervino el Estado y cómo reaccionaron los productores que fumigaban ante vuestras protestas?
El Estado siempre estuvo ausente. Recurríamos a ellos y trataban de ocultarnos la información. Al no poder fumigar por tierra empezaron a hacerlo con avioneta. Y al ver que no podían fumigar, el Estado, que siempre fue cómplice de los sojeros, empezó a hacer los primeros análisis, en los que se encontró endosulfán, DDT (Dicloro Difenil Tricloroetano) y malatión en el suelo. Nosotros seguíamos insistiendo, denunciando que la gente seguía enfermando y que había problemas; entonces empezaron a presionarnos para que no saliéramos a la calle. Nos dimos cuenta de que saliendo a la calle obteníamos respuestas. Así empezó todo. Fue cuando el Ministerio mandó hacer los análisis.


¿Tenéis documentos que avalen los vínculos entre las enfermedades y las muertes, por un lado, y la soja transgénica, por otro?
Ellos quieren que nosotros comprobemos si los agroquímicos afectaron a esas personas, pero es imposible decir que el cáncer es producido por los agroquímicos. Nosotras no podemos decir qué lo produce, pero tenemos el agroquímico y tenemos la enfermedad. Le pedimos al Gobierno que investigara qué es lo que pasa. El primer informe es de 2002 y dice que estamos sanos, que lo que padecemos en el barrio pasa en otros lugares. Seguimos insistiendo y en 2005 se hizo un nuevo informe solicitado por la municipalidad de Córdoba que dice que el barrio es inhabitable. Fue un informe hecho por el Gobierno, pero como no le convenía no tuvo validez, amparándose en que el doctor que lo realizó no tenía publicaciones previas. Entonces buscamos a un experto independiente, quien en 2007 confirmó que el barrio está contaminado. En 2009 intervino la presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, y en seis meses se hizo un nuevo informe, que recogió que el 33% de la población del barrio muere por tumor, y que el 80% de los niños analizados tienen agrotóxicos en la sangre. A su vez, un doctor del Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) hizo un nuevo informe explicando que el glifosato produce malformación en los anfibios y también en el ser humano.


Con respecto al juicio de agosto de 2012, ¿de qué sirve una condena legal?
Puede ayudar a miles de personas que están en una situación similar. Sienta un precedente que va a ayudar para que la gente que está igual que nosotros se anime a denunciar y a llevar a los tribunales a estos señores. Porque este no es solo un problema del barrio Ituzaingó; es un problema de toda Argentina, de Brasil y de Paraguay; todos estamos en la misma situación. Acá hay un modelo instalado y las multinacionales Monsanto, Cargill, Bayer, Bunge se han adueñado de nuestras vidas y deciden qué vamos a comer, están dañando la tierra, están sacando a los campesinos, y están destruyendo el planeta para llevarse plata a costa de nuestra salud y con el permiso del Gobierno. No se trata de promover un buen uso de los agroquímicos, sino de que los agroquímicos son venenosos y acaban con la vida. Ahora, el productor va a tener que cuidarse de qué usa. Va a necesitar recetas fitosanitarias, va a tener que fijarse en si hay viento o no hay viento, va a tener que fijarse en la distancia, en si hay escuelas o no hay escuelas, va a tener que ver si está cerca de un curso de agua o no…


Si se saben los efectos nefastos de los transgénicos, ¿por qué no se reacciona?, ¿qué intereses hay detrás?
Unos negociados grandísimos donde son pocos los que ganan. El Gobierno y las multinacionales negocian con nuestra salud. Los culpables están claros: Cristina Fernández de Kirchner, Barack Obama y las multinacionales Monsanto, Cargill, Bayer, Bunge, etc. El gran culpable es Monsanto, y el Gobierno, que está negociando con las multinacionales y no le importa la salud de la gente.


La batalla contra el gigante Monsanto ¿es una guerra perdida?
El mercado ya está controlado por las transnacionales, así que ahora queda concienciar a las comunidades para que defiendan sus derechos: a la vida, a su cultura, a su tierra, a la soberanía alimentaria, a su salud y a un ambiente sano. La batalla contra Monsanto jamás es una batalla perdida. América se ha escrito con sangre y seguirá escribiéndose con sangre. Aquí vamos a luchar dejando nuestras vidas.


¿Qué sensación te deja tanto sacrificio?
Nunca hemos sido oídas. Hemos sido tratadas de locas, hemos sido detenidas y nos han llevado presas. He visto cómo fallece la gente; he visto salir a los chicos de la quimioterapia sin poder pararse (ponerse de pie); he visto a las mamás que me han pedido ayuda y he visto cómo después esta misma gente ha fallecido. Hemos tenido que salir a la calle para defendernos de las multinacionales y del Estado. ¿Dónde está la justicia?, ¿quiénes hacen la justicia?, ¿para quiénes la hacen? Porque para nosotros no ha habido justicia. Murieron muchas, muchas personas. Nuestra lucha va a crear un precedente y seguramente va a servir para salvar vidas, pero para nosotros la justicia ya llegó tarde.


Son frecuentes tus visitas a instituciones internacionales, sobre todo europeas. ¿Las administraciones son permeables a los mensajes contra los transgénicos?
En Argentina estamos viviendo enfermedad y muerte porque se está comiendo soja envenenada, transgénica. Nuestra presencia en Europa tiene mucho que ver con el negociado que está haciendo Argentina con la importación de la soja. Estuvimos en el Parlamento de Bruselas y en el Parlamento alemán solicitando que no importen soja transgénica, que se priorice la salud y la vida, y que se priorice al pequeño agricultor, al campesino, a todo lo orgánico; que se dé la posibilidad a los pequeños agricultores que injustamente son los que más están perdiendo en este negocio de las multinacionales. Y a la larga en Europa van a enfermar igual que nosotros. La Unión Europea está en peligro porque la soja que se produce la consumen los animales y después esos animales son consumidos, y de acá a un tiempo van a tener las mismas consecuencias que nosotros tenemos ahora en América Latina.

Te has referido alguna vez a una nueva colonización. ¿Crees que hay una estrategia orquestada?
Hay una estrategia planificada que viene de Estados Unidos. Córdoba es la primera productora de soja en Argentina y la que mayor soja transgénica produce, por eso ha sufrido tanto el monte y queda nada más que el 5% de los bosques. Se han expulsado campesinos. Y esto ha sido siempre así, desde hace 500 años: en Argentina y América Latina se expulsa a los originarios, a los indígenas, y ahora a los campesinos, de los lugares donde trabajan y cultivan.

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