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Esto es lo que pasa en el interior de una asociación de marihuana

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Esto es lo que pasa en el interior de una asociación de marihuana

Ni legal ni ilegal, alegal. Ya existen más de 600 asociaciones cannábicas en España. Perseguidas por la policía, las sentencias judiciales terminan dando la razón a los socios. Militares, abogados o estudiantes cruzan la puerta de estas organizaciones para charlar, ver películas o incluso jugar a un FIFA entre porro y porro.

Miles de personas pasan diariamente por delante del local. Pocas se imaginan que allí dentro, en un bajo normal del distrito de Chamberí, se dispensa y se consume marihuana. No hay carteles ni publicidad que la identifique, tan solo una placa que especifica que esa asociación pertenece a la red de asociaciones cannábicas de Madrid y cuatro letras: ‘LDLV’. Se trata de ‘La Delgada Línea Verde’, situada en el centro de la capital. Esta organización es una de las 600 que hay en todo el país. Asociaciones que viven en un limbo legislativo pero que, poco a poco, se van normalizando.

La entrada no es libre. Para poder ser socio se necesita el aval de otra persona que pertenezca ya a la asociación. “Esta persona debe acreditar que el nuevo socio es consumidor y que es mayor de edad”, comenta un miembro de la junta directiva de la asociación. Antes de que te abran con llave la puerta, es imprescindible identificarse con el carnet en recepción. Dentro la gente está tranquila: conversa, ríe y fuma en los más de diez sofás, acompañados con su mesitas bajas y sus ceniceros (imprescindibles). Para lo más golosos, una máquina expendedora con bebidas y dulce, mucho dulce. El ambiente, con un cierto olor especial, es cordial y hay gente de todos los ámbitos sociales. “Hay abogados, militares, arquitectos, personas de 80 años y jóvenes de 21. Gente de ideología política distinta, pero que tiene algo en común, son consumidores”, cuentan desde la asociación.

Hay una ventanilla desde la que se retira la marihuana. Allí está un expositor con las distintas razas de yerba que tienen, además del hachís.

No hay tráfico de drogas, ya que en este tipo de asociaciones no existe el concepto de compra-venta: “Trabajamos con un sistema de cuotas, que son de dos tipos: una mensual fija y otra cuota que va en función del consumo individual”, aclara este miembro de ‘LDLV’.

Además las asociaciones solo pueden tener una cantidad de marihuana prefijada, que va en función de la previsión de gramos que cada socio tiene pensado retirar al mes y que debe indicar en el momento en el que se inscribe.

Este tipo de asociaciones “se basan o se fundamentan en la jurisprudencia y esta jurisprudencia determina que se puede consumir en el ámbito privado, que se puede cultivar mancomunadamente (siempre que la cantidad esté en concordancia con el número de socios), que exista un pago previo y ausencia de lucro en el reparto”, comenta Guillermo Fernández, de S&F Abogados a EstrellaDigital.es. No existe ninguna ley que las regule y por tanto no son ilegales. Aunque poco a poco parece que la situación de estas asociaciones se normaliza. Cataluña es pionera. Porque también es donde más hay. El parlamento de esta Comunidad Autónoma aprobó hará unas semanas las bases para la regulación de las asociaciones cannábicas catalanas.

Entre porro y porro, partida de FIFA y partida de FIFA (también hay un gran proyector y una videoconsola) o capítulo y capítulo de alguna de las series del momento, los socios pasan la tarde: “Yo suelo venir bastante. Algunas veces cojo la marihuana y me voy. Y otros días me fumo algo con la gente de aquí y paso un rato divertido”, cuenta Dimas de 25 años, que entró en la asociación hace alrededor de un año avalado por un amigo de la universidad. Aun así, desde ‘LDLV’ advierten que la asociación no está pensada para el consumo en exterior. Es ilegal fumar este tipo de sustancias en la vía pública: “Nosotros lo que hacemos es informar a todos los socios de que el cannabis se consume dentro del local. Si deciden sacarlo, lo hacen bajo su responsabilidad. Por otro lado nosotros somos activistas y queremos que esto se pueda normalizar, al menos su transporte. Por eso tenemos el servicio jurídico”.

Dimas prefiere este tipo de asociaciones porque no se fía de lo que coge en la calle: “Me gusta ir a la asociación porque la calidad es mucho mejor que en el mercado negro y por supuesto la disponibilidad, que es mejor que la de cualquier camello”. Lo que se obtiene de las cuotas (aquello que Dimas paga al mes y la cuota de su consumo individual) de cada socio de la asociación, se reinvierte: “Al ser una asociación sin ánimo de lucro todo lo debemos reinvertir en la misma. Digamos que no puede haber un plus de beneficios, lo que sí puede haber son personas trabajando con alta en la seguridad social y que reciben una remuneración”, aclaran desde ‘LDLV’.

A pesar de que muchas veces se sienten perseguidos por la Policía, la Justicia en innumerables ocasiones les ha dado la razón. La última fue a principios de noviembre, cuándo un juzgado de Getafe absolvió a tres miembros de una asociación porque no se aportaron pruebas claras de que realizaban actividades distintas a las que se recogen en su reglamento interno. Otro empujón más hacia su normalización.

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