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Este es el doctor que afirma que Shakespeare era un fumeta

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Este es el doctor que afirma que Shakespeare era un fumeta
©G. Jeffrey / vice.com

A propósito del 400º aniversario de la muerte de Shakespeare, el doctor en antropología Francis Thackeray y su equipo de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo, están a la espera de una autorización. Un sello que les permita acceder a los restos del dramaturgo inglés de la Iglesia de la Trinidad, que está en Stratford-upon-Avon y en cuyo epitafio puede leerse una admonición faraónica contra posibles traficantes de legados literarios: "Bendito sea el hombre que respete estas piedras y maldito quien se atreva a profanar mis huesos".

No le asustan al intrépido Thackeray (que asegura ser primo lejano de Shakespeare) las posibles consecuencias de la amenaza ultratumbiana del Bardo, habida cuenta de la polémica que ya suscitara su última investigación. Que se publicó en el South African Journal of Science y venía a demostrar, tras un análisis exhaustivo de las pipas en las que pudo fumar el autor de Romeo y Julieta, que Shakespeare fue un consumidor contumaz de marihuana y otras sustancias. "Lo que se dice un porrero insaciable", corrige Thackeray con irreprimible temeridad.

VICE: ¿De dónde nace su interés por el contenido de las pipas de Shakespeare?

Francis Thackeray: Fue una revelación eurekiana. Una noche, tras una copiosa cena navideña, me tumbé en el sillón de mi despacho a leer del tirón los Sonetos de Shakespeare. Pensé que me quedaría dormido, pero a la altura del número 76 me pareció estar leyendo entre líneas, como si en plena digestión se me hubiera revelado un significado más oculto que mis propias tripas. El soneto en cuestión habla de "compuestos extraños" y de "una conocida mala hierba". Demasiado metafórico, pensé, o quizá no tanto. ¡Dios mío!, grité, ¡Shakespeare está hablando del cannabis! Así que organicé un viaje a Stratford-upon-Avon y pedí permiso para analizar las pipas halladas en el jardín y alrededores de su casa natal. Los resultados fueron sorprendentes.

Shakespeare con pipa. Obra de Chris Bennett

De los 24 fragmentos de cazoletas y boquillas, ocho contenían restos de cannabis y en dos detectaron residuos de hoja de coca. También encontraron evidencias de tabaco, alcanfor y extractos de nuez moscada alucinógena. Lo curioso no es que Shakespeare fumara, sino que tuviera tiempo para escribir.

Estoy seguro de que el genio de Shakespeare se debe a una excelente educación, probablemente en las aulas del prestigioso Stratford Grammar School. Por supuesto, los años de estudio en Londres también fueron determinantes para dar forma a su talento. Nunca diría que Shakespeare fue lo que fue gracias a las drogas. Pero es posible que recurriera al cannabis para estimular su genio literario. Después de todo, eminencias como Lester Grinspoon, profesor de Harvard, han demostrado que un consumo moderado y responsable de marihuana podría tener efectos cognitivos muy provechosos para la imaginación.

Los fragmentos de cazoletas y boquillas contenían restos de cannabis, residuos de hoja de coca, alcanfor y extractos de nuez moscada alucinógena.

Paralelamente al estudio de las pipas, ha publicado un ensayo sobre los "juegos de palabras" de los Sonetos para aludir a la marihuana sin levantar sospechas. ¿Cree que los camellos leerán más a Shakespeare gracias a usted?

Sería una muy buena noticia que los consumidores de sustancias dedicaran algo más de tiempo a la lectura, no necesariamente de sonetos. Dicho lo cual, la alusión velada a las sustancias en los textos de Shakespeare tiene una razón de ser. La Iglesia había prohibido el cannabis a finales del siglo XVI, de tal manera que los porreros podían ser acusados de brujería y acabar sus días en una hoguera crepitante. Al médico y naturalista portugués Garcia da Orta le quemaron todos los libros de botánica en los que hablaba, con absoluto rigor científico, de los efectos del cannabis. Los Sonetos de Shakespeare no siempre señalan directamente las cosas que describen, de ahí que muchos no se entiendan. En ese sentido, su lenguaje me parece extraordinariamente críptico y sugestivo.

¿Tanto como para que alguien pudiera colocarse leyéndolos?

Creo que el potencial de los textos de Shakespeare es inmenso, hasta el punto de que pueden crear adicción, tal y como me ocurrió a mí mismo de joven después de acudir a una producción absolutamente conmovedora de Ricardo III. Aquella experiencia me marcó para siempre y me ha permitido dedicar años de trabajo a tratar de entender la vida y la obra de Shakespeare. Mientras investigaba, llegué a interpretar al fantasma del padre de Hamlet en una función en Pretoria.

¿Fuma usted?

Fumé un cigarrillo con 6 años y tosí tanto que no volví a intentarlo. Pasado un tiempo, como sabe, empecé a investigar sobre el contenido de las pipas shakespearianas. La pregunta que usted me hace adquirió un inusitado interés científico entre mis colegas, como si el estudio sobre restos de cannabis exigiera cierto grado de experimentación en primer persona. Al final ocurrió sin que yo pudiera evitarlo. Me invitaron a pronunciar el discurso de apertura de una conferencia en Canadá sobre Shakespeare y la hierba. Después de las ponencias hubo una fiesta y, aunque yo no me llevé un solo canuto a la boca, la sala estaba tan llena de humo que sólo tuve que respirar para empezar a notar los efectos. También me dieron a probar una taza de bhang, una especie de té indio hecho a partir de hojas y cálices de plantas de cannabis.

Pipas del s. XVII (Ámsterdam). Cortesía de Martin Hausler.

¿Fue entonces cuando descubrió que estaba emparentado con Shakespeare?

No, eso lo de averigüé mucho más tarde. Mi tatarabuelo Francis Thackeray, nacido en 1793, se casó con Anne Shakespeare. Los registros genealógicos de mi familia, que se pueden comprobar en Wikitree.com, señalan a Richard Shakespeare como uno de mis antepasados directos. Richard no era otro que el abuelo del Bardo. ¡Así que William Shakespeare y yo somos primos lejanos! Soy descendiente directo de Mateo Shakespeare, tío de William, que se casó con Isabel Peele, a su vez hermana de George Peele, coautor de Tito Andrónico junto con William Shakespeare. Un lío genealógico de lo más ilustre.

Insiste en analizar los restos mortales de Shakespeare, ¿aunque ello implique contravenir el deseo expreso de su querido primo?

Estudiaré sus restos sin desenterrarlos, gracias a una nueva tecnología laser de escaneo en alta resolución, tal y como hacemos con los fósiles de parientes lejanos de la Humanidad encontrados en Sudáfrica. Apliqué esta técnica con éxito para un estudio forense del rey Ricardo III. Para hacer lo mismo con Shakespeare necesito un permiso de la Iglesia Anglicana. Otra opción sería estudiar sus dientes, que no son huesos. Me conformaría con poder realizar un análisis de isótopos de carbono de un molar. Así podríamos saber, al menos, lo que comía.

¿No le asusta que pueda caer sobre usted la maldición del Cisne de Avon?

He sido el fantasma del padre de Hamlet. No se puede decir que actuara muy bien, pero aprendí una lección: los fantasmas no le tienen miedo a los fantasmas.

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