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Cultivo de Cannabis: La importancia del lavado de raíces para tu marihuana

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Cultivo de Cannabis: La importancia del lavado de raíces para tu marihuana

El lavado de raíces es una técnica fundamental que todo buen cultivador de cannabis debe saber hacer correctamente. Muchos de los problemas de carencias o excesos se pueden solucionar con un buen lavado de raíces a tiempo.

En ocasiones debido a problemas con el riego o el abonado, nuestras plantas sufren síntomas de bloqueo o sobrefertilización pudiéndose producir carencias o excesos que afectan su correcto desarrollo y que son visibles en forma de clorosis, necrosis, cambios de coloración, quemaduras e incluso debilidad, crecimiento lento y muerte. Las causas principales están relacionadas fundamentalmente son valores incorrectos en el PH y la EC (electroconductividad) de nuestro sustrato ya sea tierra, coco o hidroponía en cualquiera de sus variantes. Estas anomalías en los valores de PH o EC, provocan el bloqueo en la absorción de determinados macro o micronutrientes o la sobredosis de los mismos e impiden a las raíces desarrollar su principal función, llevar los nutrientes contenidos en el sustrato al resto de la planta. Mediante el lavado de raíces vamos a revertir estas situaciones, ajustando el PH y el contenido en sales minerales del sustrato.

¿Cómo hacer un correcto lavado de raíces?

La técnica consiste en regar abundantemente las plantas en la medida de lo posible, ya que no es lo mismo tener macetas de pequeña capacidad que contenedores grandes o plantas en tierra madre. En un principio la medida adecuada es utilizar el triple de volumen de agua que la capacidad de la maceta o contenedor, es decir que para una maceta de 10 l. deberíamos utilizar al menos 30 l. de agua con el PH ajustado y regar despacio dejando drenar el exceso de agua por el fondo de la maceta. Si el proceso se realiza correctamente al final del lavado el agua debe salir casi limpia.

En la medida de lo posible debemos utilizar agua con un PH ajustado a 6 o valores cercanos y sobre todo una EC lo más baja posible, siendo incluso necesario utilizar agua de ósmosis en algunos casos. Debemos tener cuidado con la temperatura del agua que utilicemos ya que valores por debajo o por encima de 18-22 ºC pueden ser perjudiciales para las raíces.

Si nuestras macetas son demasiado grandes o contamos con un número demasiado grande de plantas puede resultar difícil preparar una gran cantidad de agua con PH y EC adecuados. Una solución puede ser utilizar agua del grifo sin ajustar y realizar la última parte del lavado con agua ajustada, esto reducirá considerablemente la cantidad de agua ajustada que necesitaremos.

En el caso concreto de sistemas hidropónicos se debe sustituir el agua del depósito por este agua con PH ajustado y EC baja y dejar las plantas con esa solución durante uno o dos días.

Hay que tener en cuenta que tras el lavado de raíces el sustrato habrá perdido todos o casi todos los nutrientes que contenía y será necesario incluir en el siguiente riego una dosis reducida de fertilizante que iremos aumentando en los siguientes riegos hasta los valores normales indicados por cada fabricante siguiendo así con la fertilización normal.

En resumen

Podemos decir que el lavado de raíces se utiliza siempre que detectemos anomalías en las plantas relacionadas con el riego o el abonado, en especial es indispensable en situaciones de sobrefertilización, fácilmente detectables por el aspecto quemado de las puntas y bordes de las hojas y por coloraciones excesivamente intensas y oscuras de las hojas que además tienden a volverse rígidas y quebradizas.

Es común entre muchos cultivadores de marihuana hacer uno o varios lavados de raíces a lo largo del ciclo vital de las plantas, en especial al final de la fase de crecimiento y sobre todo al final de la fase de floración. Este lavado “final” de raíces es especialmente aconsejable en caso de usar fertilizantes de tipo mineral que pueden dejar residuos indeseables en las plantas y alterar el sabor y olor de la cosecha. En concreto os recomendamos realizar un lavado intenso de raíces una o dos semanas antes de cortar y realizar los siguientes riegos hasta la cosecha sólo con agua.

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