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Cómo comprar marihuana legal como esta

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Cómo comprar marihuana legal como esta

Por Jordi Castells.- Rápido, piensa en algo que te ponga nerviosa/o. ¿Hablar en público? ¿Acercarte a una persona atractiva? ¿Hacer algo por primera vez? No importa tu edad, tu sexo, tu raza… Hacer algo por primera vez siempre conlleva una pizca de ansiedad. Es lógico que te cause nervios algo que nunca hayas hecho antes, a menos que seas algún tipo de sociópata.

A mí definitivamente me causó nervios comprar marihuana por primera vez en mi vida. Sí, leíste correctamente; a mis 31 años no había comprado marihuana jamás. No es broma, ni me estoy intentando hacer el santo. Claro que la había probado, incluso mediante varios métodos de ingesta (fumado, comido). Pero NUNCA había llevado a cabo personalmente la transacción de darle dinero a alguien y obtener marihuana a cambio. Mi primera vez fue hace algunas semanas en la hermosa ciudad de Boulder, Colorado, uno de los dos primeros estados norteamericanos en legalizar la marihuana para consumo recreativo.

Llegué a Boulder un jueves. El propósito principal de mi viaje era de trabajo, pero tenía suficiente tiempo libre para explorar la ciudad y sus alrededores, principalmente durante el fin de semana. Para ser honesto, no llevaba ningún plan en específico, pero desde que llegué al aeropuerto en Atlanta, mi papá –quien me dio ride– me plantó la semilla de comprar marihuana, con sus advertencias: “no se te vaya a ocurrir traer nada ilegal de vuelta, mano”.

Claro, como si mi intención fuera convertirme en el narcotraficante más pendejo del mundo de un día para otro. Me reí y guardé silencio, pero mientras esperaba para abordar me puse a leer más sobre lo que está sucediendo en este estado con esta planta que tanto polariza opiniones.

Los habitantes de Colorado hicieron historia en noviembre del 2012, cuando aprobaron por poco más de 250 mil votos la Enmienda 64, ley que aborda el uso personal y la regulación de la marihuana para adultos mayores de 21 años, así como el cultivo comercial, manufactura y venta. Resumiendo, al marihuana adquirió un estatus legal similar al alcohol. Definitivamente fue un hito en la historia de la humanidad. Las primeras tiendas abrieron sus puertas el 1 de enero del 2014.

Aterrizamos en Denver por la tarde, y esa misma noche investigamos en internet un poco sobre la oferta y el proceso de venta, así como a dónde ir. Por la cercanía y lo atractivo de su sitio, decidimos ir a un lugar llamado Native Roots. La siguiente mañana, inmediatamente después de desayunar, nos encaminamos hacia la tienda.

–Me da mucho más nervios comprar marihuana legal, que comprarla… como lo he hecho antes. –me mencionó mi acompañante.

–¿Por qué?

–No sé… ¿tal vez es porque no conozco el proceso?

Yo, al ser virgen, de una forma u otra no sabía realmente qué esperar, a excepción de algunos documentales que había visto antes sobre esta nueva industria. Native Roots está localizado en Pearl, entre 8th y 9th, una hermosa calle peatonal en el centro de Boulder llena de tiendas exclusivas, artistas callejeros, turistas, bares hipsters y restaurantes orgánicos. En resumen, parece un sketch de Portlandia. Mis nervios aumentaron al ver que había que bajar unas escaleras para entrar, ya que el dispensario está en un sótano que comparte con una “smoke shop”.

El contraste no podía ser mayor. La “smoke shop” es todo lo que se asocia normalmente con la cultura de la marihuana: nubes de incienso, empleados hippies y rastudos, montones y montones de pipas, bongs, encendedores y papeles para enrollar, posters psicodélicos, luces negras y, por supuesto, música de Sublime. Todo lo que puedes necesitar para fumar, menos la planta. La puerta de al lado es todo lo contrario.

Desde el branding simplemente elegante que encuentras en la puerta de vidrio, sabes que se trata de algo serio. En la entrada hay un guardia de seguridad que no parece guardia de seguridad, y es extremadamente amable. Te indica que la señorita que está detrás del vidrio a prueba de balas estilo banco va a revisar tu identificación. Los nervios aumentan; lo estás haciendo realmente: vas a comprar marihuana y saben tu nombre y tu dirección.

Después de asegurarse de que tienes más de 21 años y de darte la bienvenida a la ciudad al ver que no eres residente del estado, te permiten cruzar otra puerta, sonrientes y amables. Del otro lado encuentras un mostrador de vidrio elegante, una fila de iPads en el muro contrario con menús y tres empleados jóvenes, que como en cualquier otro negocio te sonríen, saludan y te preguntan si te pueden ayudar. Los nervios empiezan a morir. En ningún momento sientes que estés haciendo algo indebido, mucho menos después de ver a un grupo de turistas de edad avanzada preguntando sobre la mejor variedad para descansar en la noche.

Mientras esperas tu turno, piensas, piensas muchas cosas. Piensas en lo absurdo que es que una planta con estas aptitudes medicinales sea ilegal. Piensas en lo ridículo que es para uno de los países más desarrollados del mundo tener a millones encarcelados por ofensas menores relacionadas con drogas, muchos de ellos jóvenes que pertenecen a minorías, cuya educación superior le costaría menos al gobierno que su encarcelamiento.

Piensas en todas las veces que escuchaste durante tu juventud que la marihuana es mala, que es una droga que te llevará a consumir otras drogas y morir de sida en algún picadero en Tepito. Piensas en los cientos de miles de muertos en tu país por una ABSURDA “guerra” contra las drogas… hasta que es tu turno y tienes que decidir qué vas a comprar. No tiene caso hacer todo lo difícil y luego no tener una recompensa, ¿o no?

El empleado te dice las diferencias entre la Cannabis Indica y la Sativa y todas las variedades híbridas que tienen. También te explica que la dosis recomendada por el estado para personas que no son usuarios habituales es de 10 mg de THC, equivalente a una gomita con forma de oso. Mientras observas la gran oferta que hay de comestibles, cremas, pastillas, dulces, brownies, te indican que si regresas al día siguiente, hay una promoción de porros, compras uno y te llevas el segundo por 1 centavo.

Después de deliberar un par de minutos, mi acompañante y yo decidimos llevarnos un bote de gomitas, dos porros y un brownie. La ley hasta el momento prohíbe la venta de más de 1/4 de onza (7 gramos) por transacción a personas que no son residentes del estado. Algo que me llamó la atención fue que solo aceptan efectivo o tarjeta de débito. Esto es debido a que ninguna compañía de tarjetas de crédito quiere asociarse con la industria de la marihuana legal. Tampoco los dejan tener cuentas de banco, así que su sistema de cobro con tarjeta de débito es básicamente como un cajero automático. Retiras el dinero en la tienda y pagas en efectivo.

Salí del dispensario con cero nervios. La atención que te dan, lo profesional del servicio, lo bello de la tienda y el aire de las montañas me tranquilizaron de inmediato. En cuanto a las gomitas… digamos que me tranquilizaron aún más.

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