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Cheryl Shuman, la reina de la marihuana en Hollywood

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Cheryl Shuman, la reina de la marihuana en Hollywood
©BARRY J. HOLMES

Me cuenta cómo se pone en marcha por las mañanas: "Un batido de zumo de cannabis, col rizada, zanahoria y manzana. Ese es por lo general mi desayuno", dice Cheryl Shuman. "Para el almuerzo", continúa, "suelo tomar una pechuga de pollo a la plancha, ensalada de cannabis y otras verduras aliñadas con una infusión también de hierba, que le añado igualmente al pollo. Ayuda a la digestión. Lo acompañaré con algunos aperitivos medicinales (y cannabis, claro) y nueces, que me gusta comer continuamente".

Súmese a lo anterior que, a intervalos de aproximadamente una hora, se meterá un tirito con un aparato semejante a un bolígrafo que libera una bocanada de vapor de marihuana rica en THC, el compuesto que te da el subidón.

¡Guau!, me digo. Shuman es una defensora del cannabis y espera lucrarse a lo grande a costa de él de forma perfectamente legal. [El cannabis para uso médico fue legalizado en California en 1996 y en 2012, Colorado y Washington legalizaron el consumo recreativo de marihuana por primera vez]. De momento ha creado un club social para VIPS aficionados al 'chocolate', que ella consume en grandes cantidades. No cabe duda de que si yo probara su dieta me convertiría rápida e irremediablemente en una piltrafa. "Diría con toda seguridad que tengo una tolerancia muy alta", asegura Shuman. "Porque, vamos a ver, ¿le parece a usted que yo estoy colocada?".

 

La respuesta, lo que no deja de ser notable dado el enorme volumen de su ingesta cannabinoide, es que, a sus 54 años, Shuman se muestra como una de las personas menos colocadas que he conocido. Rubia y locuaz, se las arregla para, pese a ser menudita, tener una presencia amenazante. Con su traje sastre color negro y su collar de plata, semeja una agente inmobiliaria de categoría. Llama la atención su capacidad para recordar nombres y estadísticas. Nunca usa la palabra 'tronco'. Nunca ríe a carcajadas. Es la antítesis del 'hippy' que vive en las nubes o del estudiante 'fumeta'.

Esto, sin embargo, tiene todo el sentido del mundo, porque la misión de Shuman consiste en hacer añicos lo que se entiende por estar 'colocado'. En una época en que se está liberalizando la regulación del cannabis a lo largo y ancho de Estados Unidos, esta mujer quiere librar a la hierba del estigma y entronizarla en la buena sociedad, en parte a base de reetiquetarla como producto de lujo, tan delicioso como cualquier buen vino.

Sus críticos han dicho de ella que es una embaucadora y una drogadicta. Pero Shuman mira hacia otro lado, mucho más ambicioso. Sus planes incluyen desde un bálsamo labial a base de cannabis a residencias de ancianos abiertas al consumo de 'chocolate'. Y, dado el interés mostrado en este negocio por algunos de los empresarios más avispados del mundo (el último en lanzarse a ello es Peter Thiel, el inversor de Silicon Valley que ganó miles de millones de dólares con Facebook), ¿quién sabe? Quizá pueda realmente llevar a cabo su ambición de convertirse en la reina mundial de la marihuana.

Para ser testigo de cómo actúa, viajo hasta Beverly Hills con la intención de verla ejercer de anfitriona en una de sus cenas de cannabis, exclusivamente por invitación, fiestas donde no son solo los suflés los que suben. Suministrará hierba a un grupo de clientes ricos en una enorme variedad de formas. Entre los asistentes habituales figuran famosos, agentes de Hollywood y otros profesionales de altos vuelos, promete ella. Uno de sus ágapes recientes contaba con dos actrices de primer nivel entre los invitados, añade (revela sus nombres, pero luego me dice que no puedo escribir sobre ellas).

Su colectivo, el Beverly Hills Cannabis Club, es también la marca de la hierba de alta calidad que produce en su propia finca. Un centenar de miembros principales contribuyen al mantenimiento de la explotación y se ha suministrado cannabis en cenas y otras reuniones sociales a cerca de 2.000 pacientes registrados. A ella le gusta decir que está redefiniendo la alta sociedad con su negocio dedicado al "cannabis de alta costura".

Normalmente organiza una cena de 'maría' a la semana, pero puede montar hasta 10 al mes. La cuota que los clientes pagan solo cubre los costes, ya que obtener beneficios de la sustancia sería ilegal bajo la legislación de California. Sin embargo, se les puede pedir que realicen un donativo a una organización sin ánimo de lucro y han llegado a donar 5.000 dólares por cabeza, nos dice.

Estas fiestas proporcionan también publicidad, y aquí es donde gana dinero. Dice que tiene 25 clientes de relaciones públicas a tiempo completo, todos ellos empresas relacionadas con el cannabis, que le pagan fijos de hasta 20.000 dólares al mes. Van desde fabricantes de parafernalia para fumar a una empresa de tecnología que trabaja en una aplicación de citas para conectar a los amantes del 'chocolate'.

La fiesta de esta noche tendrá lugar en una amplia mansión de estilo pseudo-toscano de una elegante calle secundaria en Sunset Boulevard. La mayoría de los invitados todavía está por llegar, pero un equipo de grabación sigue los preparativos realizados por Shuman y su cocinero, un tipo muy agradable y extremadamente sosegado llamado Colin, que mide más de 1,90 m. Lleva fumando marihuana desde que tenía nueve años, explica, y justo ahora parece estar manifiestamente colocado. Se concentra al máximo mientras le explica al presentador de televisión cómo va a asar a la parrilla un buen trozo de salmón salvaje después de rociarlo con aceite de oliva, ajo, limón y, por supuesto, cannabis. Sobre la encimera hay media docena de tarros llenos de hierba y, por si alguien tiene ganas de picar algo, un plato de galletas saladas empapadas de marihuana. Me muero de hambre, pero tengo que volver a casa y no me atrevo a comer nada.

Ofrece al presentador de televisión que la está entrevistando "una nuez caramelizada medicinal" trufada de 'maría'. "No sentirá el efecto hasta pasados 45 minutos", le advierte. Shuman se inclina hacia el objetivo. Hace años era vendedora estrella en un canal de teletienda y todavía es capaz de recrearse ante las cámaras. "¿Sabe? Nadie en la historia del mundo ha experimentado jamás una sobredosis de cannabis", afirma. El tipo de la tele sonríe y coge otra nuez.

Fuera del foco de la cámara se encuentra Urban Smedeby, un banquero sueco de inversiones que ha venido a verla porque tiene cinco millones de dólares para invertir en el negocio del cannabis. Aquí es una de las pocas personas que no está, al menos, algo 'colocada'. "Todo el mundo parece cada vez más ido", susurra, "este no es mi ambiente habitual".

Que el negocio del 'chocolate' se encuentra en EEUU en permanente evolución no es un secreto. A pesar de todo, como me explica Frank Marino, otro banquero de inversiones que asiste a la cena, su origen ilegal sigue muy presente en la sociedad.

"¿Cómo lo presento? Cualquiera que haya participado en el negocio de la marihuana durante unos años en el fondo ha estado conforme con realizarlo al margen de la ley, ¿no? Un cultivador experto de hoy era un traficante de sustancias tiempo atrás", explica.

Marino ve la evolución actual como algo parecido a la caída del comunismo y la desintegración del bloque soviético. "El cannabis es ya un negocio de unos 30.000 a 50.000 millones de dólares, y está pasando en estos tiempos de la ilegalidad a la legalidad. El sector se encuentra dando sus primeros pasos. Está repleto de oportunidades", opina.

Si realmente se sostiene esa analogía soviética, entonces Shuman quiere ser una oligarca. Tiene planes para numerosas empresas relacionadas con la 'maría'. Stiletto Stoners se plantea como una línea de ropa cuya temática será la marihuana y entre los accesorios se incluirán vaporizadores chapados en oro para inhalar el medicamento sin quemarlo. Shuman Therapeutics se especializará en remedios a base de hierba y además quiere montar una cadena de centros turísticos que acepten su consumo.

"Nuestra economía está yéndose por el retrete. El cannabis es una planta que no solo cura enfermedades. También puede sanar las cuentas del Estado proporcionando puestos de trabajo y todo un sector nuevo. Y las personas que están ahora en la base se harán multimillonarias. Aparecerán en las portadas de las revistas. Ya está sucediendo", asegura.

En primer lugar, sin embargo, la 'maría' tiene que volverse respetable. Para llegar a eso, Shuman reconoce que deben suceder un par de cosas. La primera, que los famosos 'salgan del armario' como consumidores de esta sustancia, lo que fomentará su aceptación social. La segunda, que el movimiento cuente con un líder. Ella piensa en un candidato: "Conozco los medios de comunicación, a los famosos, tengo un enorme par de pelotas. ¡Voy a conseguirlo!".

De momento, lo único que no puede cuestionarse es su descaro.

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