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Cannabis, la verdadera historia

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Cannabis, la verdadera historia
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Existe, sin duda, una perfecta y armoniosa sabiduría de la naturaleza vegetal, que precede al hombre en millones de años, adaptándose y preparando el terreno para recibir al ser humano, colaborando en su sustento, su cuidado físico, el mantenimiento de su salud y la sanación de enfermedades del cuerpo y del alma.

Esta naturaleza vegetal, tiene entre sus más valiosos elementos las llamadas Plantas Maestras, o Plantas de Poder, cuyos espíritus vegetales nos pueden guiar a ampliar la percepción de nuestro mundo, a enriquecer nuestro ser y expandir nuestra conciencia, volviéndonos más comprensivos, sabios y amorosos.

A lo largo de la historia, las Plantas Sagradas han sido utilizada como vía de conocimiento por muchas culturas y civilizaciones ancestrales, desde los aztecas, olmecas, mayas e incas hasta los minoicos, persas y griegos, desde egipcios y chinos hasta los habitantes de la India milenaria.

Para quienes se aventuran a explorar a ese inmenso y desconocido espacio interior que poseemos, las Plantas Sagradas se constituyen en poderosas aliadas que iluminan y dan claridad a nuestra oscuridad. Somos seres humanos más completos al poder experimentar esa cara invisible de la realidad que permanece oculta a nuestra cognición ordinaria.

Esta expansión de la conciencia, revelación de lo invisible, tiene el potencial de ayudarnos a evolucionar como seres humanos.

En nuestro mundo occidental esta vía de conocimiento ha experimentado un resurgir de la mano de la botánica sagrada, con todo lo que eso conlleva; la reconexión con lo sagrado, la unión con la naturaleza, la búsqueda del autoconocimiento, la recuperación natural de la salud, y la posibilidad de expandir nuestra conciencia incorporando otras perspectivas para experimentar la realidad.

Las plantas Sagradas también son portadoras de salud y por ello son conocidas como “medicina”, por los pueblos que las utilizan. Este concepto de salud no sólo considera al cuerpo, sino también incluye la psique y el espíritu.

Una antigua leyenda india cuenta cómo cuando los dioses batieron el océano de leche para obtener amrita, el néctar divino, lo que obtuvieron fue cannabis (bhang en sánscrito) Los demonios trataron también de conseguirlo pero fracasaron en su intento, por lo que los dioses dieron al cannabis el nombre de vijaya, victoria. Desde entonces los hindúes creen que confiere poderes extraordinarios o shidis a quien consume la planta.

En el antiguo texto del Atharvaveda, redactado entre los años 1.500 y 1.200 a.c., se describe el cannabis como una planta mágica y con propiedades curativas.

Los preparados de cannabis también se mencionan en gran tratado de medicina Súsruta-Samitá, redactado a finales de la pasada era. La medicina ayurvédica considera también al cannabis como una de sus plantas más importantes.


Pero la primera mención de la que se tiene noticia sobre el uso terapéutico del cannabis aparece en Shen Nung Ben Ts’ao, una farmacopea clásica de la medicina china; cuenta la leyenda que fue redactada por el mítico fundador de la medicina china, el emperador Sheng Nung, en el año 2.737 a.c.. Todavía se conserva una copia del siglo 1 d.c.

Existen también textos provenientes del Antiguo Egipto, Persia, Tíbet, Azerbaiyán, Grecia, Israel, Palestina y otros países árabes, que documentan el uso terapéutico del cannabis. El pueblo asirio también tenía conocimiento del cannabis y sus propiedades psicoactivas. Bajo el nombre de “qunubu” (nombre que probablemente dio origen al posterior cannabis) lo utilizaban dentro de sus ceremonias religiosas. El cannabis fue introducido al pueblo ario por los escitios y tracios/dacios, cuyos shamanes (llamados kapnobatai “los que caminan sobre el humo o las nubes”) quemaban flores de la planta para inducir estados de trance. En el noroeste de la Región Autónoma de Uigur en Xinjiang, China, se encontró en 2003 una canasta de cuero llena de fragmentos de hoja y semillas de cannabis al lado de un shaman momificado, de unos 2.500 a 2.800 años de antigüedad.

Como vemos, esta planta maestra tiene un antiguo historial en rituales religiosos pertenecientes a diversas tradiciones espirituales en todo el mundo. Arqueólogos en Pazyryk descubrieron semillas de cáñamo que sugieren antiguas prácticas ceremoniales tales como la ingesta de estas por los pueblos escitas durante el siglo V y II a.C., confirmando así anteriores informes históricos de Heródoto. Es posible también encontrar textos que afirman que los antiguos judíos y cristianos utilizaban el cannabis como sacramento religioso, lo que se deduce la similitud entre la palabra hebrea “qannabbos” (“cannabis”) y la frase en hebreo “Bosem qené” (“caña aromática”), que era utilizada por los musulmanes en varias órdenes sufíes desde el periodo mameluco, como por ejemplo, los qalandars.


Avanzando en la historia, encontramos que el South African Journal of Science publicó un estudio que reveló que “pipas desenterradas de la casa de Shakespeare en Stratford upon Avon contenían restos de cannabis”. El análisis químico se realizó después de que un grupo de investigadores plantearan la hipótesis de que la “conocida hierba” (noted weed) mencionada en su Soneto nº 76, y el “viaje en mi cabeza” (journey in my head) del Soneto nº 27 podrían hacer referencia la cannabis y su uso.

Ampliamente conocido y usado fue también el cannabis en los herbolarios de la Edad Media, como el Old English Herbarium, procedente del siglo XI.

El médico y filósofo Paracelso (1.493-.1.541) menciona al cannabis como componente del Arcana Compositum, medicamento que él consideraba como uno de los más importantes.

Retornando a la India, ahora en plena época colonial, vemos que los británicos encontraron que el uso de cannabis estaba muy extendido en la India colonial y se encargó un estudio a gran escala a finales de 1890 (Iverson, 2008). Les preocupaba que el consumo de cannabis pudiera poner en peligro la salud de la población. Los gobiernos británicos pidieron al gobierno de la India que nombrase una comisión para investigar el cultivo de la planta de cáñamo, la preparación de los medicamentos del mismo, su comercio e impacto social y moral, además de evaluar si la prohibición sería posible. Más de 1.000 entrevistas estandarizadas se llevaron a cabo en toda la India por connotados expertos médicos británicos e hindúes. La comisión fue sistemática y exhaustiva. La muestra incluyó a un grupo grande y diverso de personas, desde campesinos hasta médicos. Después de años de trabajo intenso y detallado, el informe del cáñamo indio por la Comisión de Drogas produjo seis volúmenes de datos y conclusiones. Los Miembros de la Comisión fueron especialmente acuciosos al observar la posibilidad de que la cannabis provocara psicosis. Producto de esta gran investigación realizada con eficiencia y rigor, la Comisión llegó a la conclusión de que, la supresión del uso de la hierba de cannabis (marihuana) sería totalmente injustificada y contraproducente, considerando que su uso es muy antiguo, que hay grupos religiosos entre los hindúes que la utilizan y que es inofensiva utilizada con moderación. De hecho, muchísimo más daño es causado por el alcohol. Por otra parte, la prohibición sería difícil de aplicar, alentaría protestas por parte de las comunidades religiosos, y posiblemente llevarían al uso de sustancias más peligrosas.

Estas conclusiones que emanan del informe de la Comisión de Cáñamo Indio Drogas de 1894, el que se llevó a cabo hace más de 100 años, siguen siendo relevantes y válidas hasta hoy en día.

Así, la cannabis sigue estando disponible en la India en los siglos XX y XXI. En su revisión a mediados de los años cincuenta, Chopra y Chopra (1957) encontraron pocos cambios desde este informe de la Comisión de Cáñamo indio Drogas de 1894. Como ejemplo, consigna que trabajadores de la construcción utilizan bhang para sentirse renovados al final de su larga jornada para combatir la fatiga.


La masiva religión hindú cree que el cannabis se ha creado del dios Shiva y tiene fuertes lazos con el elixir de la vida. El bhang es un lechoso té con especias a base de hojas y cogollos de marihuana. Beber bhang se dice que limpia el cuerpo de pecado y ayuda al bebedor a evitar el peligro en el más allá. El Bhang es a menudo disfrutado durante el ‘Holi’ (El Festival de los Colores) y la Maha Shivaratri (La Gran Noche de Shiva).

Por otra parte los ascetas lo utilizan para buscar la divinidad; son los Sadhus, sabios indios que han rechazado la vida material, quienes utilizan el consumo de cannabis para buscar la libertad espiritual. Viven simplemente en el bosque sin posesión alguna, practicando la austeridad física a través del celibato y el ayuno. La cannabis ayuda a los sadhus a trascender la realidad ordinaria y alcanzar la trascendencia. Hoy en día, el bhang es tan común en algunas partes de la India que se pueden encontrar en puestos callejeros con licencia del gobierno. En esta larga y continua historia de la planta maestra en la India, ha sido parte durante miles de años en las aventuras de dioses y guerreros y sigue viviendo hoy en las ceremonias religiosas y en las calles de la India.

Es recién en la primera mitad del siglo XX que ocurre la desacreditación del cannabis, tanto como sustancia psicoactiva como en su uso medicinal.

Múltiples factores e intereses convergen para estigmatizar esta planta maestra que tantos servicios le había brindado al hombre a lo largo de la historia.

Pero este elevado espíritu vegetal, femenino y nutritivo, no cejaría en su empeño por seguir ayudando al ser humano en su evolución, en su camino por recobrar el equilibrio, el sentido y la salud.

La prohibición; los verdaderos motivos


El uso de cannabis comenzó a ser penalizado en varios países al comenzar el siglo XX. En 1911 fue prohibido en Sudáfrica, en 1913 en Jamaica (por aquel entonces aún colonia inglesa), y en la década de 1920 en el Reino Unido y Nueva Zelanda.

En Estados Unidos la primera ley prohibicionista en relación a la cannabis aparece en 1910. Por entonces el uso del cannabis fumado era habitual en locales de jazz en Nueva Orleáns y era frecuente su uso también en México. Aquel año, grupos de mormones que habían visitado México regresaron a Salt Lake City, Utah, con la planta. La iglesia católica no tardó en tener reparos con esta planta milenaria, particularmente por su uso psicoactivo, comenzando a presionar para que se promulgasen leyes que prohibieran su uso.

Randolph Hearst

Por otro lado el magnate norteamericano Randolph Hearst, quien debía gran parte de su fortuna a la producción de papel a través de la industria maderera, estaba interesado en eliminar cualquier competencia con el papel de cáñamo mexicano, así que inició una cruzada mediática a través de sus periódicos en la que satanizaba el consumo del cannabis y lo presentaba ante la opinión pública como una sustancia generadora de violencia y socialmente devastadora. . Con la invención de la descortezadora, el cáñamo se había convertido en un sustituto muy barato para la pasta de papel que se utiliza en la industria periodística. Hearst consideraba que el cáñamo era una amenaza para sus explotaciones de madera por lo que se dedicó a través de su cadena de periódicos a difundir teorías racistas en las que explicaba como “los negros y mexicanos” se convertían en bestias asesinas bajo los efectos de la marihuana. La ley prohibicionista hizo eco en los mandatarios más conservadores y no tardó en imponerse a otros estados. Esto era de esperar teniendo en cuenta que estos aires conservadores de la época tuvieron también como consecuencia la famosa ley seca contra el alcohol desde 1919 hasta 1933 en todo el país, con las devastadoras consecuencias por todos conocidas.

A Hearst se le unió Harry J. Anslinger en 1930, al frente de la Oficina Federal de Narcóticos, quien sustentaba un compendio de teorías racistas que fueron sumadas a los artículos de Hearst. Y no tardó en ser parte de esta confabulación la industria petroquímica Du Pont, que acababa de patentar el Nylon y quería eliminar la competencia proveniente de los tejidos de cáñamo. En este contexto, incluso veían con recelo las investigaciones de Henry Ford, que buscaba un combustible derivado del cáñamo. A la misma causa se sumó la industria farmacéutica que por entonces había identificado usos medicinales concretos del cannabis y quería evitar que el público pudiera cultivar su propia medicina.

Interesante recordar que entre los años 1850 y 1937, el medicamento más recetado en EEUU eran los medicamentos en base a cannabis.

Así, en el año 1937 aparece el “Marijuana Tax Act” donde se promulgaba la prohibición total de la planta, con la opinión pública manipulada y convencida de que se trataba de una peligrosa “droga dura” a pesar de no haber evidencia científica de que fuera más dura que el alcohol o el tabaco, evidencia inexistente hasta el día de hoy. En este contexto, vale la pena recordar que la declaración de independencia de este país fue redactada en 1776 sobre papel de cáñamo, y su cultivo había sido obligatorio en todo el país. Este proceso de satanización del cannabis se extendió desde Estados Unidos al resto de los países occidentales. En 1923, la entonces racista Sudáfrica alegaba en la Liga de las Naciones que sus “mineros negros” eran menos productivos después de tomar el “dagga” y pedía que se impusiesen controles internacionales para evitar su uso. En 1928 el cannabis se ilegaliza en Inglaterra, país que encabezaba la Common Wealth y que englobaba UK, Sudáfrica, Canadá y Australia. En 1961 se promulgó la primera normativa internacional, con EEUU al frente, en la Convención sobre Drogas y Narcóticas, que limitaba el uso del cannabis y sus derivados para empleo médico.

Consecuencias de la prohibición


A partir de la ilegalización mundial de la cannabis, sin base científica alguna, se generan graves consecuencias para el mundo entero.

El mercado se sumerge en la ilegalidad, favoreciendo la aparición de las grandes mafias de narcotraficantes. Aumenta la violencia y las muertes vinculadas al mercado negro y sus redes.

Se criminaliza a la población usuaria de cannabis, con las correspondientes consecuencias penales y de estigmatización social, alcanzando esto incluso a los usuarios medicinales. Producto de esto, se produce hacinamiento en las cárceles del mundo, particularmente de EEUU. Esto ha generado una permanente vulneración de derechos y garantías constitucionales. Como era de esperar, son los sectores vulnerables los principales afectados, particularmente mujeres y jóvenes. Se transforma así la prohibición en un efectivo dispositivo de control social. Particularmente en nuestro continente la implementación de esta política ha costado la vida de miles de personas, muchísimas más que las muertes provocadas por las sustancias mismas. Vale la pena recordar que la cannabis, esta supuesta dañina sustancia, nunca ha provocado la muerte a nadie.

Otra consecuencia que se desprende de este triunfo prohibicionista es un grave despilfarro de recursos públicos; todos los países destinan millonarios fondos a la “guerra a las drogas”, siendo la cannabis el principal blanco de esta cruzada, por ser la sustancia ilegal más usada en el mundo entero.

Cannabis como medicina; redescubriendo este uso milenario

Otra gravísima consecuencia de esta embestida represiva fue dificultar el avance científico y la investigación del uso medicinal con todo su tremendo potencial.

No fue sino hasta la década del 60 que un científico, el Dr. Raphael Mechoulan, de Israel, se decide a investigar esta planta que tanto se usaba y de la que tan poco se sabía en términos científicos. En 1964 el Dr. Mechoulan se transformó en el primer científico que identificó y sintetizó el THC. Desde entonces prosiguió con ahínco sus investigaciones, y en los 90’ su equipo descubrió el sistema endocannabinoide, tal vez el sistema fisiológico más importante implicado en el establecimiento y mantenimiento de la salud humana. Los endocannabinoides y sus receptores (CB1 Y CB2) se encuentran en todo el cuerpo: en el cerebro, los órganos, los tejidos conectivos, las glándulas y células inmunes.


En cada tejido, el sistema cannabinoide realiza diferentes tareas, pero el objetivo es siempre el mismo: la homeostasis, el mantenimiento de un ambiente interno estable a pesar de las fluctuaciones en el entorno externo

Al primer cannabinoide endógeno descubierto el Dr. Mechoulan le llamó “anandamida”, que en sánscrito quiere decir “felicidad”.

Sin embargo este destacado científico no se limita al estudio, sino que aplica sus resultados a sus enfermos con eficacia y espíritu de servicio.

El trabajo del equipo liderado por Mechoulan posiciona a Israel en la vanguardia de la investigación y uso terapéutico de la Cannabis.

En la actualidad más de 16.000 usuarios de cannabis medicinal se atienden en el sistema público de Israel.

Además, como consecuencia de los más recientes estudios llevados a cabo en Israel, este año se aprobó el uso en niños con epilepsia refractaria.

Realidad chilena


Nuestro país, a pesar de haber llegado a ser tercera potencia mundial en producción de cáñamo industrial, no fue inmune a los aires prohibicionistas del siglo XX.

En la actualidad en Chile existe una fuerte discusión social y política en torno a las drogas. Nunca antes la sociedad chilena había encarado tan frontal y pragmáticamente nuestra absurda política de drogas. Los negativos efectos de una política facilista basada en la prohibición y represión despertaron a un país que hoy clama por un enfoque sensato y centrado en el bienestar humano.

Desde un ex Presidente, pasando por académicos, parlamentarios, usuarios, líderes de opinión pública y rostros de TV, el movimiento que busca una reforma es diverso y contundente. En las últimas elecciones presidenciales, el año 2013, seis de los nueve candidatos presidenciales estaban a favor de despenalizar el autocultivo de cannabis.

La última marcha nacional “Cultiva tus derechos”, organizada por Movimental, convocó a más de 200.000 personas, constituyéndose en la manifestación ciudadana más masiva del presente año. Esto tiene en su origen el trabajo desarrollado durante más de diez años por el potente activismo cannábico en Chile.(Movimental, No Más Presos Por Plantar, Amigos del Cannabis, Cultiva Medicina, Cultiva Conce, Fundación Daya, Triagrama)

Han existido en el presente año tres Mesas de Trabajo en torno a Política de Drogas convocadas por el gobierno, una enfocada en Seguridad Pública, otra en Salud Pública, en la cual participamos como Fundación en calidad de expertos , y otra Mesa en el Instituto de Salud Pública, en la que se analizan los posibles usos medicinales del Cannabis. A pesar del consenso mayoritario en torno a los urgentes cambios necesarios a nuestras leyes de drogas, asumiendo el fracaso del enfoque prohibicionista, hemos visto en los últimos días una fuerte arremetida reaccionaria de parte de los sectores más conservadores de nuestra sociedad.

A pesar de este contexto revisionista, alentado desde la actual administración, siguen siendo detenidos usuarios por porte, cultivo y tenencia, siendo, de marzo a la fecha, más de 16.000 los afectados.

La lentitud del proceso de cambiar la prohibición por regulación ha implicado negarle a cientos de miles de pacientes probar esta alternativa de tratamiento. Para quienes lo han hecho a pesar de la prohibición, ha significado estar constantemente expuestos a ser perseguidos penalmente y estigmatizados socialmente. Y por último, para un grupo no menor de pacientes, el actual marco regulatorio se ha traducido, lisa y llanamente, en detenciones, acusaciones e incluso condenas por tráfico.

Seminarios, congresos y charlas sobre cannabis y política de sustancias abundan en universidades, centros comunitarios y diversas organizaciones, respondiendo a la gran demanda de información y educación que manifiesta la ciudadanía.


En la actualidad existen un proyecto de ley en que se fusionaron las iniciativas presentados por Amplitud y por un grupo de diputados oficialistas, liderados por el doctor Alberto Robles y por la diputada Carol Kariola, debatiéndose en la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados. Esta iniciativa nos parece un importante aporte y celebramos su existencia porque está concebida desde un enfoque que pone el énfasis en la libertad de las personas y en el resguardo de la salud pública. A la vez, identifica con claridad las contradicciones de la ley 20.000 y los efectos legales y sociales que ha significado su implementación, criminalizando a miles de ciudadanos, particularmente de sectores más vulnerables de nuestra sociedad. Este enfoque sólo agudiza la inequidad estructural que, vergonzosamente, nos caracteriza. También estos proyectos de ley son claros en reconocer el aporte que la evidencia científica ha hecho a racionalizar el tratamiento legal de las plantas medicinales.

En lo concreto, este proyecto de ley plantea la despenalización efectiva del consumo y permite y regula el autocultivo de Cannabis, reconociendo en este acto un gesto legítimo de autodeterminación. Este impulso parlamentario nos resulta esperanzador para avanzar hacia la construcción de una sociedad realmente orientada a buscar el bienestar material, anímico y espiritual de todos sus integrantes, con pleno respeto sus derechos esenciales y a la libertad inclaudicable que nos pertenece por derecho de nacimiento en esta familia humana.

En Chile, a pesar de la situación legal del cannabis antes descrita, su uso medicinal es cada vez mayor.

La clara evidencia del alivio que entrega el cannabis y sus derivados, particularmente el aceite de cannabis, en diversas patologías, sumada a la creciente convicción del derecho que nos asiste a querer sanarnos con una medicina natural ancestral, reconocida como una de las sustancias más seguras de la farmacopea, hacen que cada día sean más los que recurren a ella, sin importar que para eso se vean obligados a actuar clandestinamente.

Dos hechos han resultado relevantes en este escenario; el primero fue la autorización para la internación excepcional de Sativex para una paciente con cáncer. La importancia de este hecho es el reconocimiento por primera vez por parte del Estado chileno del uso medicinal de la planta.

El segundo hecho significativo es el proyecto de Cultivo de Cannabis Medicinal para Uso Compasivo en pacientes oncológicos, llevado adelante por Fundación Daya, nuestra querida Fundación, y la Municipalidad de La Florida. El propósito de este cultivo, además de la intervención comunitaria, será la generación de un estudio clínico que permite aportar al conocimiento científico en nuestro país. Nos sentimos orgullosos de estar siendo actores claves en la construcción de esta nueva realidad. En estos días comenzaremos la cosecha, siendo este el Primer Cultivo de Cannabis Medicinal autorizado en Chile y Latinoamérica. Esta primera producción está destinada a mejorar la calidad de vida de 200 pacientes oncológicos, 100 vinculados a nuestra Fundación, y 100 pertenecientes a la comuna de La Florida, nuestros socios en esta aventura emocionante y pionera.

Esta aprobación tuvo que pasar por un largo camino de consultas interministeriales y varios servicios del gobierno. (Ministerios de Interior, Agricultura y Salud, Instituto de Salud Pública ISP, Servicio Nacional de Drogas y Alcohol (SENDA), Intendencia Metropolitana, Carabineros de Chile y Policía de Investigaciones). Nos asiste la tranquilidad de emprender este camino con toda la seriedad y el rigor que se requiere para lograr nuestro objetivo de mejorar la calidad de vida de quienes sufren.

He tenido el privilegio de ser testigo del tremendo alivio que otorga particularmente el aceite de cannabis a personas que sufren difíciles enfermedades, a veces en etapas terminales, con todo el sufrimiento que ellas conllevan. He podido alegrarme junto a sus familias al ver cómo esta sustancia permite recorrer ese difícil camino de manera más digna y humana, sin dolor y recobrando la serenidad, pudiendo irse de esta vida en paz, rodeados del amor de los suyos.

También he podido emocionarme al saber que por primera vez en años, una niña con epilepsia deja de convulsionar, y sonríe a sus padres…que nunca la habían visto sonreír…Y no es sólo una niña, en este momento son muchos las niñas y niños, cuyos padres no vacilaron en emprender caminos desconocidos para aliviar el sufrimiento de sus hijos. Bajo el alero de Fundación Daya, en julio del 2014 se realizó el Primer Encuentro “Cannabis como Terapia para niños con Epilepsia” al que asistieron 11 familias. En el mes de septiembre se realizó el Segundo Encuentro, al que acudieron más de 90 familias de todo Chile; hoy son muchísimos los niños tratándose en Chile con extracto de cannabis medicinal, todos con alentadores resultados.

Y cada vez son más los médicos que se deciden a apoyar a sus pacientes en este camino, comprometidos con la búsqueda de todo aquello que pueda aliviar el sufrimiento de tantas familias. No se dejan cooptar por la rigidez que a veces acompaña los caminos de la ciencia, sino que resignifican su juramento hipocrático, sin olvidar que el origen del método científico fue la observación y el conocimiento empírico, basados en el ensayo y error. Gracias a esto se han llegado a descubrir diversos medicamentos que han beneficiado inmensamente a la humanidad. Los cannabinoides siguen el mismo camino y, como dice el doctor Mechoulan “los cannabinoides son un tesoro que aún espera ser descubierto”

Una ciudadanía cada vez más consciente de sus derechos comienza a hacerse oír a lo largo de nuestro país. Una creciente red solidaria de apoyo ha surgido, permitiendo el alivio de muchos, pero no aún de todos los que podrían beneficiarse de este potente aliado, noble y natural. Resulta sin duda un imperativo ético hacer todo lo que esté a nuestro alcance para despejar este camino. Urge aliviar tanto sufrimiento evitable, tanto dolor innecesario. Y vamos cambiando de paradigma, haciéndonos responsables de las necesidades de nuestra época. Y ese es el espíritu que nos anima en cada paso que emprendemos en nuestra Fundación. Estamos firmemente comprometidos con la investigación y promoción de terapias complementarias y medicinas naturales que ayuden a aliviar el sufrimiento humano. Recorremos el país dando charlas y conferencias para informar sobre el potencial terapéutico de esta planta, y realizamos talleres para instalar conocimientos y capacidades en los usuarios medicinales y sus familias.

Nos encontramos actualmente trabajando en el desarrollo del que será nuestro segundo gran proyecto comunitario, que estará destinado a tratar a 4.000 pacientes de diversas patologías a lo largo de todo Chile.

De nosotros depende devolverle a esta Planta Sagrada, con todo su potencial de sanación y elevación, el lugar de dignidad que le corresponde. Hoy trabajamos con fuerza y compromiso para que el acceso a su uso terapéutico en nuestro país sea posible para todo aquel que lo necesite, y para que todo aquel que decida incorporar el uso de esta planta en su vida, lo haga de manera informada y responsable, para beneficio de su propia vida y la de los otros. Creemos firmemente que avanzamos como sociedad cuando educamos con respeto y en libertad.

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